25 de mayo de 2008

A los dados, con cubilete


El martes pasado cumplió 60 años. El juego de palabras Scrabble se adueñó por unas horas de Trafalgar Square, en Londres, quizá para recordarnos que los viejos juegos de tablero aún no han muerto. Sometidos a una dura rivalidad con sus competidores virtuales, tienen todas las de perder. ¿Queda algún niño o algún adulto que juegue aún, en los países con economías avanzadas, a este tipo de juegos de mesa? Pocos, me atrevería a decir. Probablemente el único superviviente sea el ajedrez, por más que las máquinas hayan alcanzado la perfección. “La perfección más odiosa”, iba a escribir. Porque ahí está precisamente el encanto del juego realizado entre personas: que el error siempre es posible en el adversario más avezado. Quedan, sí, y aún gozan de buena salud, los juegos de envite, como las cartas o el dominó. Pero esa es otra cuestión.

Los potentes ordenadores, con sus juegos más coloristas e imaginativos, han venido a subvertir el orden de las tardes vacacionales o del fin de semana. Apenas queda ya quien se organice con la familia o los amigos para echar una partida al Parchís, al Monopoly o a La Oca, y tiro porque me toca. Mucho menos al Scrabble ―o al Intelect, como fue conocido en España en sus comienzos―, un juego “que es de mucho pensar”, como diría alguno. Incluso los juegos de tablero se han modernizado de manera bastante complicada, con los llamados de rol al frente, que estos, para mí, son “de demasiado pensar”, y tampoco es eso.

Pero los clásicos, pese a que supongo que tardarán en desaparecer, se abren hoy camino en el mundo de lo lúdico a trompicones, forcejeando a duras penas con sus parientes cibernéticos. Y, sin embargo, una buena partida al Scrabble, o al Parchís, o al Monopoly difícilmente puede ser sustituida, por lo que tiene de sociable y de diversión simple y amigable, por una partida al más avanzado juego de ordenador. Quizá los niños de hoy los recuerden vagamente mañana, o los conozcan por haber jugado a ellos por Internet. Pero yo lo que sigo echando en falta es a los amigos o a la familia jugando a uno de estos simples juegos en torno a una mesa camilla, en una tarde de invierno, mientras los troncos crepitan alegremente en la chimenea y alguien llega con una bandeja con cuatro tazas, sobre la que sobresale una cafetera que nos recuerda que al café, café, y a los dados, con cubilete. ■

Foto: AP

24 de mayo de 2008

Planes para un sábado lluvioso

Llueve en Mallorca. La tarde se presenta tranquila. Recibo la invitación de unos amigos para acudir a la inauguración de su nuevo bar-restaurante en la Plaza de Cuadrado, en Palma. Iré: el lugar está a dos pasos de mi casa y espero encontrarme con gente conocida a la que hace tiempo que no veo. Mientras tanto, hago lo de siempre: leer, ver una película. Y poner algo de orden en los armarios. ■

23 de mayo de 2008

El PP ya tiene su grupito Ultrasur

Un pintoresco grupito de unas doscientas personas se ha dado cita esta mañana en Madrid frente a la sede del Partido Popular (PP) para solicitar la dimisión de Rajoy y la santificación inmediata de Santa María y San Gil, que son dos personas en una y una sola diosa verdadera, y tal. Si en el PP siempre han convivido, Dios sabe cómo, los postulados más variopintos, hoy convendría añadir a esa amalgama sociosurrealista una nueva facción: los Ultrasur.

El Partido de Don Pimpón tiene ya su Frente Ultra, como todos los equipos de fútbol. Se distinguen estas personas por estar siempre cabreadas con el árbitro, con quienes apoyan al otro equipo, con el estado del terreno de juego, con las variaciones climáticas y hasta con el marcador simultáneo. Los ultras acuden siempre antes que nadie a los estadios, tiran unas cuantas piedras a la policía y gritan consignas que nadie entiende, salvo sus propios miembros. Luego, apenas ven el partido, enfrascados como están en insultar a todo lo que se mueve. Y, si su equipo pierde o empata, exhiben, siempre indignados, pañuelos blancos, reclamando no se sabe si la oreja del presidente o su dimisión. De inmediato, exigen la llegada de un nuevo presidente. Al acabar el partido, esperan a que salgan los jugadores y prosiguen con sus insultos y sus amagos de agresiones, y vuelven a tirar piedras a la policía y al autobús del equipo contrario, por ganar, y al del suyo, por perder. Finalmente, se van de vinos o de copas y tratan de olvidar lo sucedido, siempre y cuando en el bar nadie comente algo que pueda ofender a sus oídos.

Esta escena, que se repite cada domingo a las puertas de los estadios de los equipos que van mal en la Liga, puede ser la constante de las próximas semanas, o quién sabe si meses o años, en el PP. Los Ultrasur no encuentran un presidente lo suficientemente enérgico que sea capaz de poner orden en un vestuario en el que algunos jugadores parece que, decididamente, van por libre. La gente pide mano dura. Quiere ver rodar cabezas.

En estos casos, el presidente del club suele sacarse el último as de la manga con el fichaje de algún jugador rubio, con muchos tatuajes y, sobre todo, carísimo. Durante algunas semanas, los ultras acuden al campo algo más tranquilos.

El problema es que el presidente del PP no sólo ha agotado ya sus recursos para hacer fichajes sino que se le están yendo los jugadores estrella incluso antes de que finalice la temporada y su contrato. Al igual que los niños mimados del balón, los que se van dicen sentirse “engañados” o “poco queridos” por la afición o por la Junta Directiva. O aseguran que han perdido la confianza del entrenador, del propio presidente o de la madre que los parió.

En estos casos, suele ocurrir que, movidos por los Ultrasur, al final, los socios deciden convocar elecciones a la presidencia. Se convocan. Se presentan al cargo varios promotores inmobiliarios. Gana uno y colma a los suyos con entradas gratis al campo durante el primer trimestre. Y así, hasta que empieza de nuevo la Liga y el equipo sufre frente a su rival más directo la primera goleada severa de la temporada. Y vuelta a empezar. ■

22 de mayo de 2008

Ni tan tontos ni tan jóvenes

Cuando el presidente del Gobierno nombró recientemente a Bibiana Aído ministra de Igualdad, las voces más cavernícolas de esta especie de país atronaron. Y lo hicieron fundamentalmente por dos razones. Una, porque decían que había excesivas mujeres en el Gabinete ("Gobierno de modistillas", según cierto jurásico perdido por el parque). Y dos, porque aseguraban que había demasiada gente joven en el mencionado Ejecutivo.

No entraré aquí en la primera de las dos cuestiones porque es tema que ya se ha comentado con amplitud aquí y en todas partes. Pero sí que haré mención a la segunda porque, al igual que la anterior, es otra gilisandez. Ahora, según me entero por El País, resulta que los dos gobiernos de Zapatero son los que arrojan una media de edad más elevada de todos cuantos ha habido en la breve historia de la democracia española, como se puede comprobar en el gráfico. Curiosamente, gobiernos de Adolfo Suárez y de Felipe González fueron los que ostentan la media más baja. Y, sin embargo, mucha gente tiene la creencia de que este Gobierno es muy joven.

De manera que habré de reconocer que, por una vez y sin que sirva de precedente, voy a tener que felicitar a Zapatero por haber sabido vender algo bien, incluso siendo falso. También puede decirse que la incesante presencia en los medios de Fernández y de Chacón nos ha llevado a pensar que estábamos ante un equipo muy joven, cuando realmente es el más veterano de la historia democrática española.

Además, el hecho de que una mujer ―o un hombre, qué más da― ocupe un puesto tan relevante a los 31 años de edad tampoco es como para rasgarse las vestiduras. Cierto es que hoy en día la gente, por lo general, se ha aniñado bastante y que comienza a ocupar puestos de responsabilidad a edades más avanzadas. Pero como nos recuerda muy bien el reportaje del periódico, hace años esto no era así. Vamos, que nos hacían espabilarnos antes.

En todo caso, ya se ve que la realidad de las cosas y la distorsión que, por unas razones u otras, tenemos de ellas es un hecho bien palpable. Sirvan estos datos para demostrarlo. Y de paso, para rechazar una vez más las bobaliconas teorías de los rasgasotanas más abecedarios y coperos. ■

21 de mayo de 2008

Éxito policial, fracaso social

Esta mañana, mientras iba conduciendo de camino al trabajo, oía las noticias relacionadas con la detención en Francia de parte de la supuesta cúpula de ETA. Y me iba preguntando una vez más qué ha pasado, qué sigue pasando para que esta organización siga existiendo más de treinta años después de desaparecido el dictador. Evidentemente, la noticia debe considerarse como un éxito policial. La actuación conjunta de la policía francesa y española, junto con la Ertzaintza, pone muy difíciles las cosas a quienes aún creen que la violencia es la solución de Euskadi. Muy optimista y muy tonto ha de ser quien crea que todavía se pueden eludir fácilmente las mil y una trampas que las diversas policías tienden a los terroristas. No sólo por su alto nivel técnico y humano, sino por el número de infiltrados que parece ser que tienen en la banda. Quienes se dedican a pegar tiros o a poner bombas supongo que a estas alturas deberían tener bastante claro que son carne de presidio. Tarde o temprano, van cayendo todos. Y en esta ocasión, da la sensación de que el palo que han recibido ha sido grande.

Ahora bien, la noticia nos deja el sabor de lo ya conocido. No es la primera vez que se produce un hecho de estas características. Y, sin embargo, ETA parece tener siempre la capacidad de recuperarse. Con elementos cada vez menos preparados intelectual, política y militarmente. Y cada vez más chapuceros. Pero se recupera. Y es ahí donde está el problema. ¿Cómo es posible que una organización tan anacrónica pueda sobrevivir a los embates policiales?

Una persona que se identifica como Y así nos va, comentaba esta tarde en el foro de El Diario Vasco lo siguiente, respondiendo a otro lector (reproduzco el texto tal cual, sin tocar ni una coma ni un acento):

"Vaya cuadrilla de democratas convencidos, Franco estará contento de su legado... Llevais 40 años deteniendo cúpulas de ETA, 40 años teniendo a ETA contra las cuerdas, alumbrandonos con vuestra luz y por supuesto, argumentando como lo hacen muchos en este foro ( ¿insultar os pone o no os da para mas?). NO VAIS A ACABAR NUNCA CON ETA, o es que no os habeis dado cuenta y necesitais 40 años mas? Aqui o nos sentamos todas a hablar y buscar una salida o seguirá muriendo peña. Alguien se cree que ETA va a decir un día "lo dejo"? venga! Aqui va haber caña hasta aburrirse, y seguirán muriendo pikoletos, familiares de presos, integrantes de ETA, politicos y gente de todas las ideologias y seguiremos cada uno en lo nuestro y quizá será que nos lo merecemos por inutiles!".

Comentarios como éste me obligan a pensar que detrás de los éxitos policiales hay un enorme fracaso político y social. Y que ya no se sabe si el problema está entre vascos que opinan como éste comentarista y el resto de los españoles, o entre los propios ciudadanos de Euskadi. Que gente como Y así nos va pueda almacenar tanto odio, tanta cerrazón y tanta deseperanza nos habla bien a las claras de que Euskadi padece una fractura social que, con ETA o sin ella, va a tardar mucho tiempo en solucionar. De momento, esto es lo que hay. Y así nos va. ■

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