jueves 11 de junio de 2009

La novela y el ensayo

ace más de veintinco años tuve en San Sebastián una librería, Ulises se llamaba en honor al legendario personaje y a Joyce. Pese a que mi tío Manolo, que tenía un taller de encuadernaciones y una enorme experiencia en el gremio, me recomendó encarecidamente que no me metiera en un tinglado tan ruinoso, pudo más mi ansia juvenil y me lancé a la aventura. Cerré apenas dos años después de su apertura. Las ventas nunca fueron mal, al contrario, pero el alquiler era tan elevado que era imposible mantener aquello.

Por aquél espacio tuve clientes muy curiosos, algunos de ellos convertidos hoy en auténticas personalidades de la vida política española. Se hacían tertulias y exposiciones sobre autores o incluso sobre guías de viaje. El local era grande y tenía muchas posibilidades.

Pero yo quisiera hoy acordarme de un cliente que siempre me llamó la atención. Era un hombre de mediana edad, siempre muy arreglado, muy bien vestido, que acudía solamente a mirar los anaqueles de ensayo. Venía por la librería cada dos o tres días y compraba un número importante de libros. Para él, la novela no existía. Como el hombre no era muy hablador, un día le dije mientras le iba guardando sus recién adquiridos libros en una bolsa:

―Usted nunca lee novela, ¿verdad?

―No, creo que ya se me pasó la edad. Yo leí mucha novela en mis tiempos jóvenes, pero ahora ya sólo me interesa el ensayo. La novela me aburre soberanamente. Y en todo caso, releo alguna que me gustó.

Quién me iba a decir a mí que, años después, aquella impresión de mi cliente, que me pareció entonces tan radical, me iría a ocurrir a mí. Sí, porque hoy es el día en el que las novelas se me caen de las manos. Salvo excepciones muy, muy recomendadas, hoy he vuelto a refugiarme en las páginas de los grandes poetas y en las de ensayo, fundamentalmente de contenido filosófico o político. Para cuentos ―digámoslo así― no estoy, no llevo estándolo desde hace bastantes años, ahora que lo pienso. Y en la actualidad he de considerar también seriamente la lectura de los blogs, de los buenos blogs que me enriquecen y me aportan puntos de vista nuevos, como el de Vicente Verdú en Boomeran(g), que me parece una de las grandes bitácoras ―si no la mejor― que se escriben en este país. Los blogs han irrumpido en mí como todo un argumento literario donde se pueden encontrar autores de enorme calidad a los que trato de tomarlos con todo el interés y con todo el respeto del mundo. De la misma manera que sigo leyendo con enorme respeto los periódicos, aunque estos también se puedan leer en internet. No los compro todos los días, generalmente lo hago los viernes, sábados y domingos que es cuando vienen cargaditos de papel, con sus fascinantes suplementos de colorines. En fin, que ahora que lo pienso he de añadir el capítulo de las revistas. También me compro alguna de historia o de cualquier otro tema especializado. Pero éste es otro asunto al que hay que decicarle una entrada aparte.

En definitiva, que ha llegado un momento en el que la novela ha dejado de interesarme. Se me caen de las manos. Aunque mencionaré una excepción: Memorias de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez, que la leí hace ahora un par de meses y que me pareció sencillamente colosal. Como para terminarla y empezarla de nuevo, casi silabeándola, vamos.

Ni que decir tiene que no tengo absolutamente nada en contra de quien sigue leyendo novela, faltaría más. Sólo digo que a mí no me entra. Tal vez, como le ocurría al cliente de mi librería, sea simplemente que se me ha pasado ya la edad. O quizá sea cualquier otra cuestión. Me pregunto si esto le ocurre a mucha más gente o, como siempre, sólo sigo siendo un tipo raro. ■

3 comentarios:

RGAlmazán 11 de junio de 2009 22:06  

Pues a mí, Manuel, no me pasa. Sigo leyendo más novela y cuento que otra cosa. Periódicos desde luego y en la blogosfera leo bastantes cosas, de todo. Ensayos pocos, porque salvo para preparar alguna cosa, tengo bastante con los temas que saco de Internet o de las revistas y periódicos.
Como ves no es cuestión de edad. Es, ¿quién sabe qué? Cada uno es diferente.

Salud y República

Manuel Ortiz 11 de junio de 2009 23:18  

He querido dejar claro desde el principio, como todo lo que escribo en este blog tan personal que tiene vida propia, que no era una cuestión, o que no me parecía que pudiera ser una cosa generalizada. De hecho, creo que lo que más le cuesta a la gente es leer poesía y ensayo. De manera que tu afán lector me parece formidable, y lo aplaudo además porque sé que eres un lector apasionado, al que sin duda admiro. Me gustaría tener esa característica tuya, pero, chico, qué le vamos a hacer.

Mega 23 de junio de 2009 20:40  

¿Has probado a leer la última novela de David Trueba, Saber perder (Anagrama, 2008)? Además de hablar de la vejez y de la muerte, se ocupa de temas tan diversos como el de la adolescencia y los primeros amores ¡y también de fútbol! Casi estoy por decirte que ibas a terminarla seguro...
De poesía: La vida nueva, de Eduardo García. Lo encontrarás en Visor y tampoco te defraudará.

Llevo leyendo un buen rato hacia atrás y aquí me quedé.
Un abrazo fuerte, Manuel

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