La abstención
Aún a riesgo de repetirme ―y quisiera pedir disculpas por ello―, hay un asunto que se renueva siempre que asistimos a un proceso electoral, ese fantasma que recorre Europa ―parafraseando a Marx― y que es el fantasma de la abstención. Lo cierto es que celebro que haya un buen debate sobre este particular porque somos muchos quienes desde ese punto de vista abstencionista venimos siendo ferozmente tratados por quienes defienden la necesidad del voto a toda costa, acusándonos además de cometer toda suerte de crímenes electorales, digamos esto último con unas invisibles comillas, por el hecho de quedarnos en casa en días tan aparentemente señalados.
Mantengo con Santi, administrador del estupendo blog Diario de hoy, una anriquecedora polémica a partir de esta cuesión. Él, obviamente, no sólo deplora esta actitud mía, sino que la llega a calificar, al amparo de un artículo de Antonio Orozco, de "rebeldía sin conciencia".
Parto de la siguiente premisa: si una persona se rebela contra algo y toma partido por ello hasta sus últimas consecuencias es porque tiene una clara conciencia de lo que está haciendo. Su no voto, aunque pueda no parecerlo, probablemente pueda ser más meditado y más doloroso en conciencia que el de quien acude a la urna por inercia, "porque siempre voté a este partido", nos dirá quizá. Y en mi opinión, quienes tomamos la decisión de no votar, no lo hacemos porque nos vayamos a la playa ―que esta es la actitud pasota y que siempre existirá― sino porque no hemos encontrado el modelo adecuado donde depositar nuestro voto. Si hablamos, por ejemplo, de políticos honrados y no honrados, podremos ver que hay buenos políticos en todos los partidos. Yo ya he dicho en innumerables ocasiones que ya no creo en los partidos, sino en los gestores. Y reclamo mi derecho, previo cambio en la Ley Electoral, en la Constitución o en donde sea, a votar nominalmente y discriminadamente a aquellas personas que se merecen mi respeto y mi voto.
No es el caso. Hasta la fecha sólo tenemos unas listas herméticas donde es imposible que el ciudadano tenga un mínimo espacio a la hora de decidir. Si el voto es tan importante ―opinión que comparto plenamente con Santiago―, creo que hay que flexibilizar estas listas, poner el nombre de todos los candidatos en ellas, y que el ciudadano elija precisamente "con libertad y conciencia", un factor que tiene ―claro que sí― mucho de "rebeldía". Rebeldía frente a esas personas que a lo largo de la legislatura nos han demostrado que no acuden a las sesiones parlamentarias, que incluso llegan a desplazarse a vivir a Canarias para cobrar mejores dietas ―¿lo sabían?: pues los hay―, y sí hacerlo por esa otra gente que atiende a su responsabilidades como el emisario y portavoz de la ciudadanía que es y que, por mandato, debería de ser. Y a esos políticos/gestores/ciudadanos yo sí quisiera votarles. Pero no al que me ponen en la lista justo encima o por debajo de mi candidato, alguien de quien sabemos que está en la política para hacer caja o por puro afán de poder. Abogadillos del tres al cuarto que han encontrado en la cosa pública la solución a algo más que su hasta ahora tradicional plato de lentejas, y que hacen cuanto pueden para cobrar de un sueldazo del Estado que lo pagamos tú y yo, con ese voto tan reflexivo que reclama Santi, y que entiendo pero que no comparto en absoluto.
No, no puedo ni podré estar de acuerdo nunca con este tipo de formulismos electorales. Quiero votar a la gente que me inspira confianza, sea del partido que sea. ¿O acaso en la derecha todos son buenos y en la izquierda todos malos, o viceversa? Ésta, así de simple, es mi argumentación: la de un simple ciudadano que simplemente quiere votar a quienes le merecen un respeto, a quienes ve que se ganan honestamente su dinero, a quienes defienden a capa y espada sus ideales, sus derechos y sus reivindicaciones, que son mis mismos derechos y reivindicaciones. ¿Es tan difícil lo que pido? ¿Se negaría la gente a comprender estas causas? La cosa es bastante más simple, aunque en un primer estadio pudiera parecer más compleja. A mi juicio, si desapareciera esta forma actual de elaborar las listas, no sólo contaríamos con ciudadanos aún más libres y más participativos sino que la democracia entera ganaría muchos adeptos y se enriquecería notablemente hacia una mayor calidad y transparencia. En cuanto a los pasotas, a los abstencionistas cerveceros, eso ya es otra cuestión. Se haga lo que se haga, estos nunca votarán. Probablemente no lo han hecho nunca. Pero puedo asegurarles ―y te aseguro Santi― que yo no estoy ni estaré nunca en ese grupo.
Queda, por supuesto, la opción del voto en blanco. Pero no me deja de significar una salida bastante condescendiente, como más adecuada para poner a salvo nuestras democráticas conciencias. Pero ésta me parece eso, una opción oportunista. Yo me declaro más rotundo, más crítico. También más escéptico. Más radical. ■













6 comentarios:
Europeas:
Partido de la abstención: 18 millones de "no votos"
PP: 6,6
PSOE: 6
...
¿..........? ¿quién ha ganado?
Muy interesante hablar de abstención. Me encuentro muchos blogs hablando del tema, yo también, pero nadie se atreve a pedir VOTO OBLIGATORIO, será políticamente incorrecto???
Manuel, como indico en mi blog y en la repuesta a tu comentario, incluyo a la abstención en las categorías de rebeldía inconsciente y pasotismo irresponsable. Tras leer tu post, estoy dispuesto incuir la que tú propones, esto es, de una opción crítica consciente o de rebeldía con conciencia. El argumento de las listas abiertas ya me lo han indicado otras personas que optan por la abstención; si la reclamación de estas listas abiertas se identifica socialmente con la abstención como una opción general podría ser una buena toma de postura, pero creo -aunque no tengo datos concretos- que es más bien una minoría dentro de la mayoría abstencionista. Mi creencia es que esa petición de listas abiertas puede defenderse y explicarse desde el voto en blanco que, ahora mismo no es de nadie, y asociar ambas cosas. Lo digo porque la abstención, para mí, es un rechazo frontal del sistema democrático: no voto porque no creo en la democracia como sistema, cuya máxima expresión es el derecho a sufragio universal. Interesante debate. saludos.
Paco, dije no hace mucho que soy de quienes piensan que estas democracias que tenemos son muy poco participativas. Fíjate si soy partidario de entrar en la vida política que sueño con el día en el que los ciudadanos podamos votar leyes de las Cortes con el móvil. ¿Para qué diablos están si no las nuevas tecnologías? Yo votaría en el Parlamento. Veríamos entonces cómo les iría.
Y entiendo perfectamente, Santi, que la abstención pueda confundirse con el voto pasota. Es el gran peligro. Pero piensa que abstención siempre habrá, por las razones que sean.
En cuanto al voto en blanco, me parece la mejor de las opciones dentro de las ya señaladas por mí. Otra cosa es el voto obligatorio, que me parece una medida un tanto estalinista, poco acorde con los tiempos actuales.
Como véis, no sólo en mi fuero interno deseo votar sino que me gustaría hacerlo mucho más.
Saludos y agradecimientos a ambos por vuestros magníficos comentarios.
Manuel, si no estoy equivocado, Stalin no permitió el voto democrático nunca jamás.
Yo no lo veo como una obligación, sino como un deber de conciencia porque mucha gente murió o estuvo en la cárcel por defender la existencia de este derecho aquí en España, no hace muchos años. saludos.
Yo soy partidario de ir a votar, cuando no votamos estamos dejando que otros decidan por nosotros. En cuanto a lo de las listas electorales abiertas, creo que debería ser así porque en una lista electoral al igual que en un cd de música habrá quien te guste o quien no te guste y deberías poder escoger a la persona que crees más capacitada. Supongo que el problema de esto sería como lograr que personas de diferentes opciones políticas se pongan de acuerdo para llevar a cabo su trabajo una vez elegidos.
Santi, en España murió mucha gente que defendía ideales muy diferentes. Desde los comunitas del PCE hasta los anarquistas de la CNT. Y no todos defendieron las mismas causas, de hecho los problemas y los encontronazos entre unos y otros fueron duros y constantes durante toda la guerra, dando lugar incluso a episodios muy oscuros (caso del POUM, por ejemplo).
Ralph, no creo que hubiera ningún problema en votar listas abiertas. Los candidatos elegidos seguiríen siéndolo por su partido. Lo curioso es que un partido podría obtener dos diputados y otroo 20. Así las diferencias se verían más marcadas y las propias organizaciones se preocuparían más por mantener una imagen impoluta de sus candidatos.
Publicar un comentario en la entrada
El autor se reserva el derecho de eliminar los comentarios de aquellos usuarios que utilicen este espacio para agredir, insultar o denigrar, para insertar publicidad o autopromoción, o aquellos otros que no se ciñan al tema tratado. No se contestarán los comentarios anónimos. Gracias por participar.