lunes, 23 de marzo de 2009

Músicas, pianos y recintos

¿Será que a veces llevamos nuestros traumas infantiles educativos tan lejos de nuestras órbitas mentales puramente sensoriales como para llegar a alcanzar puntos de vista de éste estilo? Decía en cierta ocasión Dios, o sea, Miles Davis (allá por el año 1971): “El órgano me horroriza, me recuerda a la religión. Es el miedo lo que hace que la gente sea religiosa, y el sonido del órgano le recuerda ese miedo. De pequeño iba a la iglesia, pero hacia los seis años le pregunté a mi madre por qué siempre en la iglesia me trataban de pecador aunque no hubiera hecho nada malo. Como nunca obtuve una respuesta satisfactoria, dejé de ir a la iglesia. Hoy no creo en nada, salvo en mí mismo”.

Y, claro, viniendo esto de Dios...

Vale, no confundamos el sonido del órgano con otras cosas. Pero es cierto que he pensado muchas veces en esta frase, especialmente acordándome de Bach. Y que nada: que no puedo con el sonido del uno ni del otro. El olor a naftalina me impregna de repente el cuerpo, nublándome toda posibilidad de goce auditivo. Y, sin embargo, me vuelvo loco por un piano eléctrico interpretado por cualquiera de los extraordinarios músicos que acompañaron a Davis a lo largo de toda su carrera. A lo mejor sólo es una concepción de puro marco estético: escenario sacro o escenario profano, que todo lo cambia, todo lo transforma. Y donde había una dulce algodonera mostrando alegre sus dientes marfileños, no veo ahora sin remedio más que el sarro bucal de una paupérrima monja de clausura. ■

Retablo: Hubert Van Eyck.

6 comentarios:

el viejo más viejo del palco 23 de marzo de 2009 15:57  

Tiene usted que probarme a Bach ejecutado (es un decir) por Jacques Loussier. Verá la de polillas que desaparecen con el aire fresco de ese piano.

Manuel Ortiz 23 de marzo de 2009 16:35  

También he de reconocer que entre mi 'cultura' musical jazzística y la clásica media un abismo. Así que tendrá que dejarme que me asesore convenientemente, entre otras cosas (y siento reconocerlo) para saber quién rayos es Jacques Louisser. Y perdón si acabo de proferir un sacrilegio.

el viejo más viejo del palco 23 de marzo de 2009 16:47  

En absoluto. Yo de otra cosa no sabré, pero de música... tampoco. Sin embargo, este señor trata como nadie al "viejo peluca".

Manuel Ortiz 23 de marzo de 2009 17:15  

Pues hecho. Pero tiene que ser una cosa muy tranquilita que mis nervios no están para muchos trotes.

Por cierto, ¿no tendrá por ahí en la rebotica alguno de esos juegos apasionantes que tanto me gustan? ¡Esta vez se los compro todos, no crea!

Freia 23 de marzo de 2009 21:59  

Buenas noches Manuel y la compañía.
JAJAJAJAJA. Y no me tome a mal la risa, que me ha encantado su entrada. Digamos que disentimos en algún que otro punto.
De todas formas, ya volveré con más calma. Ahora le dejo con un tema que ya escuchó Vd. hace tiempo en las Variaciones Goldberg, precisamente en una entrada que hablaba sobre las Variaciones Goldberg. Aunque el argumento es tramposo porque las transcripciones de Bach a piano proceden todas del clave y no del órgano, disfrute Vd. (si le gusta) de Jacques Loussier y su versión jazzística del Aria de las Variaciones de marras. Escuche cómo la mano izquierda del piano ha sido sustituida por el contrabajo, que es el que marca el "bajo continuo" y luego me dice qué le ha parecido. Es más, hoy me pilla con el día de tirar la casa por la ventana y le dejo algo que quizá le guste. Es "su" Keith Jarrett tocando ese mismo aria de las Goldberg, en un clave y "muy, muy en serio" que diría un crítico musical de los que yo me conozco. Y suena francamente bien.

Por cierto, el regalo de Van Eyck es impagable. Algún día le contaré una especie de éxtasis místico que esta condesa tuvo en la Iglesia de San Bavon en Gante, delante del políptico (le autorizo a que se quede con la palabra) del "corderillo místico"

Adanero 24 de marzo de 2009 23:00  

La “ejecución” del Viejo más viejo me ha recordado aquel chiste de Gila. Dos señores que estaban en un concierto de piano y le dice uno al otro: “¿Qué le parece la ejecución?”. A lo que el otro responde: “Bueno, tanto como ejecución… No. Pero una buena paliza sí que se merece”.
A lo que vamos. Sigo los pasos de los anteriores comentaristas y me sumo a sus intentos de hacerle ver que Bach is Bach y que merece ser escuchado con orejas nuevas y oídos reseteados. Le dejo aquí la Tocata y Fuga interpretada a ritmo de jazz por The Thomas Hardin Trio. Una versión que al contrario de la original (que a mí me suele crear cierta sensación de agobio y pesadez) se le pondrá a dar saltitos de un lado a otro de la habitación en cuanto pulse el play.

Un saludo.

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