La importancia de robar ideas
Uno de los mayores genios de la literatura de todos los tiempos es, sin lugar a dudas, Oscar Wilde. Wilde no solamente nos dejó un buen puñado de obras maestras, sino que además, gran prendado de sí mismo como era, parece como si se resistiera en todo momento a largarse de este mundo sin dejarnos para la posteridad otro montón de aforismos, frases y sentencias a cada cual más ocurrente e ingeniosa. Es de suponer que muchas de las máximas que se le atribuyen probablemente no salieran jamás de su boca. Tanto da: los grandes mitos de la historia lo son precisamente por albergar una parte de enigmática leyenda.
Pues bien, esta mañana he encontrado sin moverme de este blog, en la columna que tiene usted a su derecha, una sentencia de Wilde que nuevamente me ha hecho sonreír. Dice así: “Cualquiera puede hacer una cosa; el mérito está en hacer creer al mundo que uno la ha hecho”.
De inmediato, mi lamentable deformación profesional me ha llevado a pensar, cómo no, en los políticos, esos enormes vendedores de humo. Por norma general, es la sociedad la que impulsa los avances de un país. Sin embargo, siempre nos encontraremos con un político que se colocará la medalla de haber hecho esto y lo otro, o de haber tenido la idea antes que nadie. Hace años, las grandes ideas nacían en las tertulias de rebotica. Con el tiempo, se desplazaron a los cafés. Hoy han dejado de tener el más mínimo encanto al hacerse públicas y emitirse en directo por la radio y la televisión. Así que ya no sabemos de dónde emanan las grandes ideas del pueblo soberano, pero es seguro que no de los salones de la Carrera de San Jerónimo. Hoy en día, hacer creer al mundo que uno ha hecho esto o aquello es bastante fácil: basta con tener dinero y hacer una buena campaña de marketing. Ahora mismo tenemos en Denver a un gran papanatas arropado por los Kennedy tratando de vender al mundo no se sabe qué ideas de supuesto cambio. Y el caso es que todavía encuentra a otro enorme montón de simples más simples que él que le aplauden con las orejas, siguiendo también y tan bien la máxima del gran Pitigrilli: “un tonto siempre encuentra a alguien más tonto que le admira”.
Cualquiera puede, sí, hacer una cosa. El mérito ha quedado reducido al marketing y a los derechos de autor, de quienes se suelen apropiar generalmente aquellos que nunca tuvieron en su mente idea alguna. Unamuno lo dijo con otras palabras: “Que inventen ellos”. Palabras a las que cualquier avezado político actual añadiría: “Para que yo los firme con mi nombre”. ■













8 comentarios:
No sé si será que es final de verano casi, pero las ideas y los buenos escritos escasean en esta bloguilandia en la que estamos.
Ya ha habido desertores y a mí me están entrado unas ganas de tirar la pluma y el tintero...
Saludos
Manuel felicidades por este post. Para mi las frases y citas de Oscar Wilde merecen la pena leerlas varadas veces porque ayudan a pensar.
De acuerdo contigo que en los tiempos que corren el marketing juega un papel muy importante, y hoy si te vendes bien puedes llegar más lato que por tu conocimientos o experiencia. Pero también añado, que en muchas ocasiones la caída es de las que hacen historia.
Fin al verano y por lo tanto la actividad bloguera habitual, que no rutinaria, se va imponiendo.
Un saludo
Bueno, a mí me ha ocurrido todo lo contrario. He tenido tiempo libre y he aprovechado para hacer más entradas, aunque quizá lo haya hecho en más breve y con otros criterios. Ha sido interesante pero difícil de sostener en fechas próximas. Siempre he dicho que este blog lo uso para hacer constantes experimentos. Es por eso que me atrae y me divierte. Un saludo.
Un buen departamento de marketing es hoy más fructífero que un buen departamento de ideas, de proyectos o de realizaciones. Un político que dice y repite: Yo soy bueno, yo soy el mejor, yo soy el plus ultra, consigue que la gente lo vea como tal. Un mindundi que siempre dice en su círculo social lo bueno y listo que es, llega a hacerles creer a quienes le rodean que es el mejor y el más inteligente.
El tiempo de pensar se ha acabado. De hecho, ni se enseña en los centros docentes. En muchos programas de filología, la filosofía es una asignatura optativa. En enseñanzas previas, ni eso. Hoy es tiempo de actuar. Por eso nunca el mundo ha sido mayor teatro. En mi modesta opinión.
Saludos.
Pero hombre, Manuel, no me dirás que tú eras de los que se creían aquello del mérito y del esfuerzo. No importa lo que uno haga, sólo importa lo que los demás creen que haces.
Un abrazo.
Es bastante penoso comprobar el grado de desazón que frente a aspectos como éste teneis -tenemos- muchos. Quiero pensar que, pese a todo, al menos somos de los que nos negamos a tirar la toalla. El escepticismo nunca debería dejarnos con los brazos cruzados. Al menos, el derecho al pataleo.
Di que sí, Manuel.
PS: En cuanto al ingenio afilado de Wilde, maravilloso.
PS2: A mí me gustan estas microentradas tuyas. Tienen lo necesario.
Un abrazo
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