viernes 25 de julio de 2008

Sobre/contra el turismo

turismo
Si hay alguna cosa que detesto de manera especial es hacer turismo, sentirme turista, ir a lugares turísticos. Y mucho más en verano. De entrada, porque uno paga una fortuna para hacer un viaje y ya parece como que tenga la obligación de divertirse. Pero es que hay mil detalles más que, a mi juicio, hacen del turismo una de las prácticas más detestables, y a las que se entrega la gente con renovado furor cada verano. El ejemplo más claustrofóbico es, sin duda, el crucerismo. Hay quien lo pasa de maravilla. Yo estoy seguro de que al tercer día de viajar en un crucero acabaría tirándome por la borda.

Desde que se perdió por completo el concepto de viaje y de viajero, hoy el turista es, por regla general, un individuo estresado y antipático, escasamente interesado en conocer nada que tenga que ver con la cultura local del lugar que visita, y mucho menos si ello requiere algún esfuerzo o cierta incomodidad. Y en los lugares costeros es donde se aprecia mejor esta característica.

Es cierto que no todo el mundo hace turismo de la misma manera, ni que a todo el mundo se le puede meter en el mismo saco. Pero el turismo, entendido de la manera que todos conocemos, es probablemente una de las industrias más destructivas que existen. Es contaminante, destroza costas y montañas, genera inseguridad, produce puestos de trabajo engañosos y fluctuantes, dispara los precios, arrasa la cultura local. ¿Sigo?

Está perfectamente estudiado que siempre se produce el mismo fenómeno. Al principio, los turistas son bien recibidos. Dejan dinero y fortalecen las economías deprimidas. Una segunda fase comienza en el momento en que se produce ya un cierto rechazo entre la población autóctona y los visitantes/depredadores. Finalmente, la simpatía inicial se transforma de manera radical y se termina por odiar al turista, a quien se le ve como un verdadero enemigo: colonizador, despreciativo, roñoso e inculto. No falla. Lo curioso es que en el proceso se involucra todo el mundo de manera inconsciente. En España, esto ocurrió de una manera clara durante los años del boom. Si alguien veía un hotel construido al borde mismo del mar decía: “Qué bonito, qué maravilla, qué romántico”. Nadie encontraba criminal ―porque no había cultura de ello― urbanizar un acantilado. Luego fueron proliferando los negocios dedicados a los visitantes, con productos destinados a ellos y mensajes ofrecidos sólo para ellos. La cosa ya empezaba a jorobar. Finalmente, muchos de aquellos visitantes se quedaron para construir hoteles aún más altos y parques acuáticos mucho más espantosos. Crearon ciudades y pueblos vacacionales que quedaban despoblados en invierno, como núcleos deshabitados y fantasmagóricos, porque en invierno regresaban a sus lugares de origen, donde, por cierto, ingresaban sus ganancias.

Para llegar a aquellos núcleos turísticos se hicieron carreteras y se construyeron aeropuertos. Se abrió una multitud de empresas de todos los tamaños y colores, vinculadas al mismo monocultivo turístico, haciendo irreconocible aquel lugar con encanto que pisara en su día el primer viajero. Y como en la viñeta, acaba uno fotografiando la fotografía del lugar, el recuerdo de cómo fue aquel sitio.

Porque, al final, se termina por esquilmar una zona hasta que no da más de sí. Que se lo pregunten a los empresarios hoteleros baleares, que han abandonado o vendido sus negocios aquí, en las islas, para empeñarse ahora en la próspera tarea de destrozar palmo a palmo el Caribe y las costas del Pacífico.

Hoy, un día en el que muchos españoles inician sus vacaciones, se repetirá el mismo ritual. Los mismos atascos, las mismas aglomeraciones, el mismo ruido de siempre y la misma arena en la paella vomitiva volverán a ser los protagonistas de una sociedad desesperada que huye del infierno de su hogar para adentrarse en las calderas del destino turístico. Afortunado quien conserve un pariente con casa en algún pueblo del interior, en donde pueda todavía sentarse a la vera y a la fresca de un pozo o pescar cangrejos en el río. ■

Ilustración: Sidnei Marques.

2 comentarios:

RGAlmazán 26 de julio de 2008 10:31  

Yo procuro, dentro de lo posible, alejarme de lo que es el turismo tradicional que con razón ataca usted, D. Manuel.
He viajado y me gusta, pero jamás haría un crucero. Siempre que he podido, el 90% de las veces lo he hecho en baja temporada. No sé lo que es viajar en grupo organizado, me organizo yo. Y en los viajes, no necesariamente visito lo que todo el mundo. Por ejemplo, siento predilección por ver, allá donde voy, los mercados y los cementerios, además de deambular por las calles sin rumbo fijo. Aunque no pueda evitar visitar, por ejemplo, la Piazza Navona, si voy a Roma o el Museo d'Orsy si voy a París.
Nunca me han gustado los viajes organizados y desde luego siempre he envidiado a los viajeros (hoy ya casi no existen), tipo Hemingway o Bowles. Hay una gran diferencia entre viajero y turista. A mí me gustaría ser viajero siempre, aunque no es fácil.

Salud y República

Manuel 26 de julio de 2008 11:45  

Yo siempre he procurado hacer turismo en los viajes de necesidad. Es decir, tratar de sacar unas horas o un día para ver la ciudad donde, por razones de trabajo, me encontraba. Y también trato de viajar en invierno. En general, las concentraciones humanas me marean, de manera que intento seleccionar fechas de poco tránsito para moverme.

Afortunadamente en Mallorca están algunas de las mejores playas del Mediterráneo, así que ese apartado lo tengo resuelto. Además, necesito vivir en lugares donde el mar esté siempre presente. Entre el mar y la montaña, el mar, siempre el mar.

Publicar un comentario en la entrada

El autor se reserva el derecho de eliminar los comentarios de aquellos usuarios que utilicen este espacio para agredir, insultar o denigrar, para insertar publicidad o autopromoción, o aquellos otros que no se ciñan al tema tratado. No se contestarán los comentarios anónimos. Gracias por participar.

Creative Commons License
Con licencia de Creative Commons. © de los textos: Manuel Ortiz 2007-2009 / El editor-administrador de este blog únicamente se hace responsable de los textos firmados por él. / Apuntes de bolsillo es una licencia registrada.

  © Blogger template 'External' by Ourblogtemplates.com / Manuel Ortiz 2008

Back to TOP