Nacidos para presidir
Ignoro si alguien habrá tenido ya la ocurrencia de haber escrito la Gran Enciclopedia Universal Ilustrada y Comentada de los Presidentes de Clubes de Fútbol. Pero supongo que debe dar pereza hacerlo, más que nada por lo largo del título. Quizá alguien lo haga en Internet. Y el día en que ese alguien se atreva con tal hazaña, ríase usted de la Wikipedia: será la página, después de las porno, más vista en la Red. La sección España sin duda merecerá un capítulo excepcional. En su apartado Constructores, aparecerá la práctica totalidad de los presidentes habidos en los últimos años. Sin duda habrá numerosos epígrafes dedicados a esta simpática red de mafiosos distribuida por todos los rincones de esta especie de país. Gran profusión fotográfica y tomas carcelarias para Jesús Gil. Cenas y mariscadas varias en todos los restaurantes vascos de Madrid. Sección Pitos y Pañoladas, con gran profusión de archivos gráficos y sonoros. Sección Tribunales y Litigios. Un sinfín.
No se sabe por qué oscura razón que a mi razón no alcanza no se puede ser presidente de un club de fútbol en España si no se es previamente presidente de alguna fábrica de ladrillos, de alguna importante cementera o de una gigantesca agencia inmobiliaria. ¿Por qué no hay ningún presidente banquero? Respuesta: son tipos listos. Ellos compran a lo grande y, así, la temporada que viene, la Primera División ya no se llamará Primera División ―vaya usted acostumbrándose―, sino Liga BBVA o, dicho de manera más atroz: Liga Banco Bilbao Vizcaya Argentaria. Un nombre largo que encaja muy bien con nuestra Gran Enciclopedia Universal Ilustrada y Comentada de los Presidentes de Clubes de Fútbol.
Los industriales del hormigón parece que estén genéticamente programados para presidir los consejos de administración de las industrias futbolísticas. Tras una llegada triunfal al palco, vía elecciones democráticas con los votos de los socios más tontos del club, nuestros presidentes se toman un par o tres de años para, tras conseguir algún título con el que aparecer en la Gran Enciclopedia Universal Ilustrada y Comentada de los Presidentes de Clubes de Fútbol, descapitalizar completamente la entidad y, en algún caso, después de una breve estancia por la cárcel, regresar a sus negocios, donde seguir ganando dinero a espuertas con el halo del reconocimiento social alcanzado por haber conseguido el fatigoso record de haber logrado antes que nadie arruinar a la entidad que presidieron. Entiendo que haya gente que odie el fútbol: sufrir a Lendoiro, a Lopera, a Gil o a Florentino Pérez requiere estómagos de fibra especialmente dura y correosa. Y no todo el mundo es capaz de segregar la suficiente cantidad de la sustancia corporal que lo proteja de tan terribles embestidas gástricas.
Ahora ha entrado en el Valencia Juan Villalonga El Telefónico, el amiguito de Aznar, y pronto los socios valencianistas verán canjeadas sus tradicionales abonos de toda la vida por unas stock options en toda regla, que es lo suyo. Que se vayan preparando socios y aficionados.
Y las últimas noticias ―y a este punto quería yo llegar― indican que un sujeto desconocido que en su vida empresarial se dedica a reparar oleoductos, a la sazón llamado Paul Davidson, está a punto de hacerse con la mayoría accionarial del Real Mallorca. El actual presidente y accionista mayoritario, Vicenç Grande, acaba de declarar su empresa constructora ―faltaría más― en suspensión de pagos y todo el mundo teme por el futuro del club. Pero parece que ahora ha llegado de Inglaterra un salvador. Sus declaraciones de hoy a Matías Vallés en Diario de Mallorca revelan bien a las claras su talento y sus intenciones: “No sé nada de fútbol”, dice despejando cualquier duda. “Mi interés primordial es que haya más ingleses en las gradas de Son Moix [que ya no se llama así; ahora recibe el nombre de Ono Estadi], que mis compatriotas acudan a los partidos. Igual que los turistas ingleses o alemanes visitan un parque acuático, también serán espectadores del Real Mallorca”. Más adelante, el periodista pregunta: “El Mallorca ha acabado séptimo en la Liga. ¿Su ambición es llevarlo a la Champions?”. Davidson no se corta: “¡Llevarlo a la Champions! Por favor… El Mallorca tiene que ganar la Champions, ésa es mi meta”. Corro a confesarme.
Al parecer, este señor se movía anteriormente por tierras marbellíes, porque Vallés le pregunta: “¿Por qué ha cambiado Marbella por Mallorca?”, y mister Davidson responde: “La diferencia es muy clara. Desde Marbella no hay ningún sitio adonde ir. En cambio, desde Mallorca puedo visitar un montón de lugares diferentes en mi yate”. Atención, pregunta: ¿Es necesario comprarse un club de fútbol para navegar por aguas mallorquinas? Respuesta: No: incluso el Rey fue obsequiado en su día por ciertos empresarios mallorquines ―a escote y a instancia de James Matas, El Fugitivo― con el propio yate.
Sabido es que Mallorca es la tercera comunidad autónoma que más dinero ingresa en las arcas del Estado. En nuestro afán altruista sin límites, pronto, cuando finalice la temporada turística, alcanzaremos la cifra de parados más elevada de nuestra húmeda historia. Quizá el señor Davidson haga del Real Mallorca un club tan grande y tan triunfal que sea capaz de absorber a toda esta masa humana creando puestos de trabajo (utilleros; masajistas; vendedores de camisetas, de bragas, de calzoncillos, de calcetines del Mallorca; animadoras sin fin) y hacer algo más grata la tarea del Inem. Aunque sólo fuera por una temporada, tal proeza sería bienvenida. A la siguiente, el Mallorca se arruina y volvemos a empezar. Pero, por lo menos, el invierno lo habríamos salvado entre goles y petardos. Quizá algún día, no obstante ―la esperanza es lo último que se pierde―, el nombre de este ilustre club aparezca al fin con letras de oro en la Gran Enciclopedia Universal Ilustrada y Comentada de los Presidentes de Clubes de Fútbol, tal vez patrocinada entonces por el Fondo Monetario Internacional, a cuyo frente estará sin duda un ex presidente de algún club de fútbol español. ■













2 comentarios:
Nos vendieron la burra de las sociedades anónimas deportivas y acabaron con el fútbol. O por lo menos en ello están.
La lista de pelotazos inmobiliarios relacionados con clubs de fútbol es cada vez más larga. Ahora aquí quieren construir el Valladolid Arena, una excusa para que se forren los propietarios del club poniendo por pantalla el amor a los colores, el tener un equipo de primera para una ciudad de primera y bla bla bla. Eso si, el terreno "cedido" por el ayuntamiento.
Cierre del campo de fútbol, un pabellón polideportivo de dimensiones faraónicas, pistas de tenis, de squash, de paddel y de lo que haga falta a tutiplen. Un macro-centro comercial, aparcamiento para no se cuantos miles de coches... Y el alcalde tan contento. Que va y nos dice que es viable porque ha visitado no se que ciudad de los USA y allí la cosa ha funcionado. Eso si, se le escapa un pequeño detalle. Esa ciudad tiene seis millones de habitantes y aquí no llegamos a los 400.000. Y todos tan contentos y el personal aplaudiendo con las orejas.
Estas cosas nos pasan por tontos.
Por cierto, ¿se acuerda usted el fútbol?
Un saludo.
Desconocía esa información sobre cómo se las gastan también por ahí. Y es que ya no hay pueblo mayor de cinco habitantes que no quiera tener su parque temático, su expo, su macroestadio y su tontería. Y, como ves, encima les aplauden.
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