‘Caramel’, un buen comienzo de verano
Como todos los años, revistas, libros y películas se amontonan por todas partes en pilas ya imposibles. Llega el verano, hay más tiempo libre y uno se propone hincar el diente por lo menos a la mitad de toda la montaña de papel que tiene acumulada encima de algunas sillas, sobre una vieja televisión que ya no veo o sobre el suelo, lo que me recuerda que he de comprar urgentemente un par de estanterías.
¿Por dónde empezar? Es curioso: repasando el inventario, me doy cuenta de que ya apenas en ese montón cabe alguna novela, y las que hay son obras que ya he leído, alguna de ellas incluso en plena adolescencia, como Un drama en Livonia, de Verne, una de sus obras más desconocidas, y que no sé si ahora me causará la misma honda conmoción que me produjo cuando la leí, creo que con once años. Lo demás, son biografías, entre ellas una de Marc Chagall, libros de historia antigua, un tratado de protocolo, una novela de un amigo mío que creo que está bien, y poesía. Pero la poesía no es lo más importante; de hecho, es lo que más leo últimamente. Quizá lo que más haya leído siempre.
Películas. Creo que por lo menos tengo por ver unas sesenta. Son filmes que me voy bajando de Internet en invierno y que ahora, por fin, podré ver tranquilamente. Hay mucho y ―espero― bueno: cosas relativamente recientes y piezas muy antiguas. Ya he comenzado por alguna, como la recomendable En el valle de Elah (2007), un thriller de Paul Haggis (Crash, 2004) con la guerra de Irak como telón de fondo y con un siempre eficaz Tommy Lee Jones y una comedida y sobria Charlize Teron, de quien algún día hablaré por aquí porque me parece una buena actriz que a menudo ha hecho papeles muy malos.
Pero se me cuela como sin querer una película que me habían recomendado y que hacía tiempo que quería ver: la libanesa Caramel (2007), dirigida por la bellísima Nadine Labaki, quien además coprotagoniza esta estupenda opera prima suya, película coral que cosechó un importante éxito de crítica en los festivales de San Sebastián y Cannes. Sorprende, de entrada, que situándose en el corazón del Beirut actual no haya ni una sola referencia a la guerra. La directora ha explicado que no quería entrar en ese tema, que ha preferido centrarse en la vida cotidiana de cuatro mujeres que trabajan en una peluquería y narrar sus pequeñas historias cotidianas.
Y quizá resida aquí el gran mérito de este magnífico retablo cotidiano, una de esas películas en las que aparentemente no pasa nada, o no pasa nada transcendental ni maravilloso, ni excesivamente trágico ni cómico. El transcurrir por el mundo cotidiano de unas mujeres que rompen con muchos de los esquemas preconcebidos por nosotros, los occidentales, tan dados a identificar todo el mundo árabe con el islam más arcaico y tenebroso. Un filme sorprendente y de excelente factura que rebosa frescura por todos y cada uno de sus fotogramas y que nos devuelve una mirada sin duda más inteligente y comprometida con una tierra castigada donde, sin embargo, la vida fluye, la gente enloquece, se enamora y miente igual que en cualquier otro lugar del mundo occidental, por más que nosotros nos empeñemos en verlo todo tan lejano.
Termina la película. Sonrío y cierro los ojos. “Si esto sigue así”, me digo, “me espera un buen verano”. ■













5 comentarios:
Manuel, hace poca la he visto por recomendación, iba por ir y he salido encantado. No pasa nada y pasa de todo. la sencillez a veces es mejor que el gran despliegue americano.
Un saludo amigo
Ese es el estilo y la filosofía que hizo famosa a la generación de realizadores británicos de los 80-90 (y a algunos españoles de su escuela, vease Los lunes al sol): narrar la vida cotidiana, que se dé cuenta el espectador de que es la vida cotidiana real, para que así lo más trágico quede matizado por lo cómico y no pierda credibilidad.
Eficaz, sincero y ameno. Pedir más se´ría pedir ya una obra de arte.
Un saludo.
Me alegro de que os haya gustado tanto como a mí la película. Como Eifonso, me llevé una extraordinaria sorpresa. También comparto tus palabras, Antonio, cuando hablas del tipo de películas serenas, como 'Los lunes al sol', otro ejemplo de este cine que quizá tenga sus orígenes en el para mí hoy añorado neorrealismo italiano.
Sin duda alguna. Es la modernización del mismo. Aunque, bien pensado, no sé hasta qué punto es posible modernizar el neorealismo italiano, como no sé hasta qué punto es posible hacer lo mismo con cierto Berlanga y con cierto Bardem.
Un saludo.
¡Muy buena película, sí señor! Yo salí encantada.
Haces bien en leer y ver todo lo que tienes pendiente, sobre todo en una época del año en la que a poca gente apuesta por estrujarse demasiado los sesos y paga una pasta por ver cualquier morralla veraniega y leer cualquier revista de esas que vienen con pareo de regalo.
Abrazo.
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