viernes 13 de junio de 2008

Bush El Rencoroso

No está claramente demostrado que fuera Nerón quien incendiara Roma en 64 d. C. En rigor, el emperador ni siquiera se encontraba en la ciudad cuando comenzaron a propagarse las llamas; se hallaba en su villa de recreo, en Anzio. Tácito narra cómo Nerón a su regreso, encaramado a un escenario dispuesto en su propia casa, comenzó a cantar para evocar la destrucción de Troya a manos de los aqueos. Y aquí nace la leyenda.

Menos legendaria será la senda de incendios y de destrucción masiva que habrá dejado George W. Bush ―y así tarde o temprano lo contará la Historia― a su paso por la Casa Blanca.

Ahora, el presidente estadounidense viaja por Europa para, llegado el fin de su mandato, despedirse de los principales líderes políticos del Viejo Continente. No recabará en España.

La ausencia de España en la agenda de Bush nos devuelve una vez más la imagen de un sujeto extremadamente rencoroso, infantil, inútil para todo cuanto tenga que ver con los asuntos diplomáticos. Bien es cierto que su despreciativo gesto resulta particularmente bienvenido por una ciudadanía que no sabemos, pero que sí intuimos, cómo hubiera reaccionado de producirse la visita. No menos cierto es también que su presencia en otras capitales europeas no está siendo apenas contestada en la calle. La gente ha preferido ignorarle, tratar de pasar página y olvidar cuanto antes la memoria de uno de los dirigentes políticos más obtusos e incendiarios del siglo XX.

Sin embargo, me interesa más aquí resaltar esa mentalidad cerril de un hombre que no olvida fácilmente las afrentas, como jamás olvidó la humillación que sufrió su padre en Irak y que, al fin y a la postre, fue el verdadero detonante ―hubiera bastado cualquier otra excusa de no haberse producido el 11-S― de su lamentable intervención para derrocar a Saddam Hussein. Bush no perdonó a Saddam como, a otro nivel, tampoco perdona a Zapatero su primeriza retirada de las tropas de la coalición invasora en territorio iraquí.

No me cabe la menor duda de que, sabedores de que iba a producirse el viaje, destacados miembros del Gobierno español hayan hecho en su momento gestiones para tratar de que Bush hiciera en Madrid siquiera una breve escala en su periplo, para entrevistarse con el presidente Zapatero y con el Rey. De hecho, algunas fuentes así lo confirman. Pero la intransigencia de Bush para con todo aquel que no bebe de su mano se ha mantenido firme hasta el final. Viajar a España hubiera podido interpretarse como un gesto de cierta humildad, como un atisbo de flaqueza en el último minuto. Y, quién sabe si asesorado por su amigo Aznar, se ha mantenido férreo en su ―ya digo― postura de pataleta infantil. Afortunadamente, esas rabietas de niño mimado y rico ya se han acabado.

Antes de que terminaran de apagarse las cenizas de Roma, un Nerón oportunista quiso dirigir su ira contra quienes en aquel momento comenzaban a ser algo más que una secta molesta: los cristianos. Ordenó detener, despedazar, quemar y crucificar a un buen número de estos, no tanto bajo la acusación de incendiarios ―sigue describiendo Tácito en sus Anales―, como por el delito global de “odio hacia el género humano”. No sabemos si George W. Bush ha leído a Tácito. Pero su manera de comportarse siempre ha parecido querer acercarse a la del enfermizo emperador. Con la salvedad, eso sí, de que Nerón finalmente, en un rasgo que le honra, tuvo la gallardía de poner fin a su vida suicidándose. ■

Ilustración: The New Yorker

5 comentarios:

Selma 13 de junio de 2008 19:57  

Leer a Tácito... Me parece que no, suele leer los libros del revés y mirar con el objetivo de los prismáticos tapado, al menos así aparece en dos fotografias que no tienen desperdicio...
La revancha por la humillación en la primera guerra del Golfo, me parece haber leído que a quién más molestó fué a su señora madre, menuda es ella...
En cuanto a la gira por Europa, si tristemente famoso fue el trio de las Acores, el trio que se dió en Roma ayer u hoy, no recuerdo bien, roza el esperpento... vaya, estaban en perfecta comunión...

Un abrazo.

fritus 13 de junio de 2008 23:53  

Georgie...más valía que te hubieses quedado en tu primer empleo, que como buen inútil te lo buscó papá...en el Consejo de Administración de la petrolera ARBUSTO OIL, cuyo capital pertenecía en su mayor parte a la familia saudí Bin Laden...
¿Que debió pasar por el camino para que esas rencillas entre ricachones las tenga que pagar el resto de la humanidad?
Un abrazo

Manuel 14 de junio de 2008 10:19  

Pues peor me lo pones, Selma. Ahora resulta que el asunto tiene también ascendencias maternas. ¡Por Tutatis, qué familia!

Por el camino, Fritus, pasaron muchas cosas. Tráfico de influencias, favores debidos por parte de padre... Y finalmente, no lo olvidemos, pucherazo electoral en California. Algún día se escribirá la historia de los Bush y alucinaremos todos en cuatricomía.

Mega 14 de junio de 2008 11:05  

¡Y qué diría Freud de tanta inquina, de tanta miseria humana... y familiar!

Un abrazo

Cecilia Alameda 14 de junio de 2008 17:21  

Su curriculum advertía que el tipo cada vez que tocaba algo lo destruía. Y eso ha hecho con Irak y con la democracia estadounidense. Pero, como decías en otra entrada, hay individuos funestos que obtienen votos de los ciudadanos. Aunque éste hizo trampas en su primer mandato para quedarse con el puesto que le correspondía a Gore

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